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| Morrison y Miller, Los hombres de All Star |
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| Mundo friki - Cómic |
| Escrito por Freeman |
| Jueves, 02 de Julio de 2009 17:49 |
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La forma con la que entienden la estructura narrativa comiquera estos dos hombres (genios, también llamados) se acerca y aleja tanto como un péndulo. Ante el infinito ego de un Miller desatado, aparece un Morrison clásico y contenido. ante la concepción casi paródica de Batman, la humanización de Superman. El concepto All Star, que nace como idea de renovación de DC y para imitar el patrón seguido en Marvel con la línea Ultimates, paradójicamente acaba en un saco tan roto como las mentes de sus autores. Pues poco tienen en común con la idea de partida, siendo al final el Superman de Morrison, y una vez más, el Batman de Miller. Pero vayamos por partes: El Superman que se nos presenta en estos doce números es, ni más ni menos, la concepción del héroe que ya habitara las viñetas anteriores a los años ochenta. Un cómic deudor de aquella época, que destila toda la idiosincrasia que un día se le dio a esta cabecera, y que tan admirador confeso se considera su autor. Un tiempo donde la continuidad quedaba relegada por la imaginación (a veces subrealista) de historias conclusivas. Sí, es la obra de uno de los Supermanes más humanos de la historia y más atados a las leyes de la vida y la muerte. Una obra abierta a los comunes viajes astrales que la mente de su autor tiende a regalarnos, pero con una estructura clasicista y unos personajes cuidados al milímetro. Villanos y lugares que ya conocemos, redefinidos nuevamente con un toque de color y de futurología alternativa. Y entre todo ello, Clark Kent buscando un lugar entre los humanos, con sus torpezas e inseguridades, pero con más amor que nadie por la Tierra que le ha dado su segunda vida. La otra parte del tándem, Frank Quitely. Un dibujante que ha sabido hacerse mayor y definir un estilo tan personal y controvertido que ha dado como culmen esta obra. Un detallista que le da un acabado limpio y minucioso a la historia. En la otra cara de la moneda nos encontramos con “El Puñeto Batman”; así lo define su autor. Un ser violento, cruel y desequilibrado. Un hombre que ha dejado paso a su bestia y que trata a todos como la vida le ha tratado a él. Un Bruce Wayne anclado en el pasado que lucha contra todo y contra todos, y que tiene que aceptar cómo la historia se repite ante sus ojos en la cara de Dick Grayson. Miller se toma, una vez más, todas las licencias posibles y nos ofrece una obra inclasificable donde los personajes están llevados al extremo y donde no queda títere con cabeza. Una Gotham corrupta hasta la medula, un Joker tan enloquecido como su némesis y una JLA primeriza donde cada icono es tratado con suciedad y extremismo. Un cómic cargado de frases intimistas y de diálogos concluyentes (a veces hilarantes), desprovisto de cualquier tipo de respeto, salvo el que su autor tiene para con su obra. Sí, es el Batman que solo puede encajar en la cabeza de su autor y en la continuidad de las obras de este para con el antihéroe. Y para tal efecto cuenta con los lápices del magistral Jim Lee, con paginas desplegables y todo un elenco de imágenes y colores para mayor ego de ambos. En definitiva, un duelo que se salda con la puesta en los altares de un nuevo (quizás no tan nuevo, pero si merecido) Dios del noveno arte, y con la masturbación más dionisiaca para el que ya, desde hace tiempo, empieza a tener vértigo cuando mira desde su sillón en los cielos.
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